miércoles, 30 de septiembre de 2009

Cuando se pierde el norte

El estéril conflicto entre dramaturgos y actores contra directores muchas veces tiene su origen en la temida pobreza espiritual.

El dramaturgo que defiende su texto a ultranza, inhabilita el enriquecimiento de su propia obra, y no es más que un síntoma inequívoco de la ceguera creativa del escritor. Muchos directores optan entonces, atenidos a la legislacion vigente, por “enterrar” literalmente al dramaturgo, es decir, desentenderse por completo de él porque pagar un sicario, además de ser grotesco no es castigo suficiente para la falta de talento, sino una compensacion.

Pero cuando algunos actores se arrogan el derecho de arruinar el montaje, cuestionando cada paso, cada propuesta, cada premisa, sin el pudor de aportar soluciones creativas, estamos frente a un síndrome de frustración, que nace de un empobrecido arsenal técnico. El actor se convierte en un esbirro de su pobreza intelectual.

A continuación, les regalo un fragmento, muy ilustrativo, del libro de John Dollman Jr., catedrático de la Universidad de Pennsylvania, en el cual se escanea la mentalidad de estos individuos. El diagnostico es elocuente por si solo.

Me despido con la esperanza de que no hayan experimentado la desdicha de haber sufrido en carne propia lo que a continuacion se describe. En caso positivo, los acompaño en el sentimiento.

Decálogo del actor

Nos dejan pasmados muchos actores o individuos que creen ser actores al ver como hacen agonizar al director e imposibilitan la vida de sus compañeros, desplegando actitudes que no cooperan con los ensayos.

El actor que desee colocarse en la lista negra, solo necesita insistir por poco tiempo, en una o más de las siguientes iniquidades:

1. Faltar a los ensayos sin permiso. En el teatro profesional esto significa una multa o el despido. En un teatro independiente, bien organizado, significa la pérdida completa de la confianza del director y el cese de ofertas de papeles.

2. El actor o la actriz pueen ofrecer sutiles o egoístas excusas cuando al desatender dicen: posiblemente ensayar el sábado por la noche, tengo que ir a un baile. Los individuos que prefieren cualquier otra forma de placer al de la actuación, o aun al del ensayo, tienen perfectos derechos a preferencias, pero no tienen lugar en el tearo, como tampoco lo tienen aquellos que no saben apreciar la lealtad hacia sus camaradas, al faltar a los ensayos. No interesa la brevedad del papel, el actor debe recordar que los demás dependen de el y pueden necesitar ensayar aunque el no lo necesite. No debe aceptarse un papel si no se sabe aceptar también sus obligaciones.

3. Puede llegar tarde a los ensayos. Este es un medio seguro para hacer al director aprensivo al temer que también llegue tarde a las funciones, haciéndole vivir agonizante la noche en que no pueda levantar el telón porque no es posible encontrar a alguien del elenco. A una jovencita de mi conocimiento que gritaba que era loca por el Teatro se le dio la oportunidad de ser probada en un papel. Llegó una hora después las pruebas.- "Oh, yo siempre llego tarde" Es obvio agregar que no le dieron el papel.

4. Puede estar presente en los ensayos, pero distraído, debiendo alguien sacudirlo para recordarle su entrada, puede quedarse en otra habitación jugando a los naipes, o contar, en un rincón la historia de su vida a la damita joven... Si desea enfurecer al director puede contestar así cuando lo llamen: "Ah. Yo entro en esta escena. ¿En que página está? Quien tiene un libreto. El mío lo dejé en casa." O tomando un libro, abrirlo y comenzar a leer en una página que no corresponde. Y si desea correr el riesgo de ser asesinado o por lo menos colocado en la lista negra, puede decir "un segundito, que voy" al ser llamado. Y luego tardar un minuto hasta que termine. Una de las más inteligentes y encantadores actrices independientes que he conocido y cuya colaboración era muy solicitada, fue colocada en la lista negra porque no demostraba buena voluntad en los ensayos, aún cuando se realizaban, para su conveniencia en su casa, nunca se la encontraba cuando le correspondía entrar, debía pararse y entorpecer el ensayo mientras alguien iba a buscarla.

5. Puede permitirse reír o charlar en los laterales o en las cercanías del director que trata de conducir el ensayo. La peculiar risa grosera con que tales cuentos se reciben es probablemente el ruido más exasperante con el que pueden castigarse las personas que tratan de crear un trabajo de imaginación.

6. Puede abandonar en los ensayos el personaje o la ubicación, cada vez que se hace una pausa o interrupción del director. El actor que da muestras de su aburrimiento sentándose o encendiendo un cigarrillo cada vez que la acción se detiene, no quiere aprender a actuar, ni ayuda a los demás.

7. Puede probar su apego al trabajo convirtiéndose en co-director, e indicándole al director o a los demás actores la mejor forma de hacer las cosas. Ningún director inteligente niega una buena sugestión, ofrecida con modestia y en el momento oportuno. Pero ni director ni actores pueden dejar de irritarse cuando otro actor interrumpe continuamente, en especial, con sugerencias para hacer más atractivo su propio papel, aún en detrimento de los demás o de la obra.

8. Puede adoptar la actitud opuesta, de completo desinterés por los problemas del director. "Dígame que quiere y lo haré. No me preocupa, para mi es lo mismo." Podría naturalmente aceptar las indicaciones del director, aunque parezcan equivocadas. Porque una cosa es cooperar con buena intención en el planteo del director y muy otra desechar todo interés o responsabilidad y asumir una actitud insolente o indiferente.

9. Puede darse el gusto de brillar como una fiesta, gozando a través de los ensayos de sus propias morcillas, haciendo mofa de las mujeres, riéndose del director y desplegando gran virtuosismo de comediante en todo, menos en su papel.

10. Puede tomar su sombrero y marcharse a casa tan pronto ha terminado de ensayar su gran escena, o puede interrumpir al director en su momento más ocupado para decirle "Usted no me necesita más esta noche, ¿verdad? sólo tengo tres líneas en la última escena y cualquiera puede decirlas por mí." Puede, con facilidad, duplicar el pedido llevándose consigo a la damita joven.

La principal diferencia entre el teatro independiente y el profesional consiste en que el director profesional tiene libertad de expresar todo lo que siente con tranquilidad, mientras que el infortunado director independiente se ve obligado a observar una caballerosa restricción.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Incomunicacion, que mala eres...


La tragedia de Romeo y Julieta no descansa en manos de los Montesco y Capuleto sino en las de la incomunicación. Shakespeare nos induce por los caminos del “odio mutuo”, pero deja abierta una puerta al entendimiento de otras causas. Los hijos de ambas familias no pagan el precio del odio de sus padres sino del efecto del aislamiento.

Una lectura reposada de la obra nos permite reconciliarnos con el texto. Las familias rivales son causantes de la enemistad, pero no es la discordia familiar la que desata la muerte de Romeo y a continuación de su esposa. La acotacion del autor es engañosa:

"En la hermosa Verona, donde acaecieron estos amores,
dos familias rivales igualmente nobles habían derramado,
por sus odios mutuos inculpada sangre.
Sus inocentes hijos pagaron la pena de estos rencores,
que trajeron su muerte y el fin de su triste amor."

Mientras el padre de Julieta ultima detalles para el matrimonio de su hija con Paris, el fraile Lawrence o frai Lorenzo, le entrega a la joven enamorada una poción que le facilitara simular la muerte por algunas horas.

La víspera de su boda ella debe tomarla, entretanto el fraile se asegurará de enviarle una carta a Romeo quien debe aprovechar la noche para rescatar a su esposa del mausoleo. Sin embargo Fray Lorenzo se entera, en el acto quinto, que Romeo nunca recibió su buena nueva y cuando acude a la tumba, con el fin de salvar a los amantes, es demasiado tarde. Romeo yace muerto.

Antes de morir, Romeo mata a Paris en la cripta. Cuando Julieta despierta, Fray Lorenzo intenta convencerla en vano de que abandone el lugar y se salve. La joven hunde el puñal del esposo en su pecho y muere de inmediato en brazos del ser amado.

El portador de la buena noticia es testigo de la tragedia triple. Paris, Romeo y Julieta muertos en el mismo espacio y en prácticamente al mismo tiempo. El plan que urde Fray Lorenzo no surte efecto. Sus buenas intenciones no fructifican. Porque como es sabido, no hay mal que por bien no venga. En todo caso es la actitud profundamente humanista de este sacerdote es una de las posturas mas destacadas en la obra por su visión renacentista de la vida, mas libre, mas esperanzadora, mucho mas moderna. Pero los hombres somos victima de la incomunicación aun en la modernidad.

Fray Lorenzo le promete a Julieta estar a su lado en la cripta, cuando despierte después de la muerte simulada. Pero el mensajero que envía Lorenzo no encuentra a Romeo porque este ha recibido antes la noticia de la muerte de su esposa y ha partido de Mantua no importándole el destierro al que ha sido condenado por el Príncipe. Ya sabemos que las malas noticias tienen alas.

Algún director podría incluso ensayar una versión de puesta en escena que deje recaer la responsabilidad de las muertes de los jóvenes en las manos del sacerdote. Cuando muchos se contentan con escuchar las voces del odio versus el amor, tal vez habría que prestarle un poco mas de cuidado al discurso que nos tiene preparado Shakespeare en torno a la incomunicación, artífice de peores tragedias.

Un pequeño equívoco puede provocar un gran desastre. Tanto es así que las familias enemigas se reconcilian fácilmente después tas la ausencia de sus hijos. Nunca el odio pudo más que el amor, pero la incomunicación siega la pasión, como la rutina fulmina el deseo. Veamos que sucede respecto al amor en la escena segunda del Segundo Acto. Cuando Julieta reconoce que el objeto de su amor pertenece a la familia rival:

JULIETA: Contadas expresiones he oído de esa boca, no obstante te reconozco. ¿No eres Romeo? ¿No eres de los Montesco?

ROMEO: No seré ni una cosa ni otra, ángel mío, si cualquiera de las dos te molesta.

JULIETA: ¿Cómo has llegado hasta este sitio, y cuál es tu propósito? Los muros de esta puerta son altos y no se pueden escalar; aquí podrías encontrar la muerte, siendo quien eres, si alguno de mis familiares te encontrara.

ROMEO: Con las alas que me dio el amor, salté los elevados muros; además, no le tengo miedo a tus Familiares.

Julieta: Te matarán si te encuentran aquí.

Romeo: Diosa mía, tus ojos son más homicidas que las espadas de veinte familiares tuyos. Obsérvame sin enfado, y mi cuerpo se hará invencible.

Julieta: Daría un mundo porque no te hallaran.

Romeo: El velo lúgubre de la noche me protege de ellos. Sin embargo deseo morir a costa de sus manos, amándome tú, que eludiéndolos y salvarme de ellos, cuando me falte tu amor.

Julieta: ¿Y quién te condujo hasta aquí?

Romeo: El amor me dijo dónde vivías. Él me aconsejó; guió mis ojos que yo le había entregado.

Pero ya estamos de acuerdo en que no es el odio el que desata el fin desgraciado. Después de todo el amor ciego de los adolescentes les facilita sobrepasar la aversión de sus apellidos. Desafían la historia y burlan la predestinación. Unen sus vidas a espaldas de sus padres con Dios como testigo. Y la responsabilidad moral de Fray Lorenzo alcanza una mayoría de edad al propiciar la unión de dos seres que se aman genuinamente.

Ahora bien, a pesar de todo el odio entre las familias rivales, si la carta hubiera llegado a tiempo el amor de Romeo y Julieta hubiera cristalizado una historia sensacional de entrega y pasión. Pero la incomunicación origina la adversidad.

Una versión recontextualizada de Romeo y Julieta, en plena era cibernética donde el celular se ha apoderado de la inmediatez nos llevaría al replanteamiento de la intriga que se resuelve, no mediante cartas sino a través del enlace trunco de teléfonos que no se comunican.

Muchas pueden ser las causas, desde la perdida repentina de señal, la débil cobertura de la red, un aparato que de súbito se descarga o un mensaje que llega tardío. De todos modos en la actualidad

Quién sabe si el sonido delator de la entrada de un mensaje suene en la cripta, una vez que Romeo consuma el suicidio. El campanilleo alegre de la buena nueva se torna aciago. El tiempo y la tecnología se confabulan contra los amantes. Incomunicacion, que mala eres...