Por Victor Reyna
Un país es su drama y su escena. La dramaturgia y el teatro son resultado de la acumulación histórica de avances, retrocesos, conflictos y debilidades de cada una de nuestras culturas. De este modo las naciones y nacionalidades vuelcan en los escenarios la cronología de su desarrollo. Y como si se tratara de un confesionario público revelan en ellos pecados y remordimientos, alegrías y triunfos, incertidumbres y esperanzas. El teatro no es el fin, sino el medio para el exorcismo socio-cultural. Y Costa Rica no es la excepción.
La escena costarricense de la primera mitad del año 2009 está dividida en dos grandes corrientes. Por un lado reconocemos un teatro de humor, bálsamo ideal contra todos los males sociales, subdividido a su vez en dos afluentes: la comedia reflexiva y el vodevil o comedia bananera; mientras que por el lado contrario a lo cómico tenemos un teatro de pensamiento y reacción. Las dos caras de la moneda teatral de San José.
Dos motivaciones atizan la comedia costarricense contemporánea: la necesidad de mantener una taquilla y en segundo lugar la impronta del binomio director/espectador de una perspectiva analítica alrededor de la sociedad.
Muy pocos directores y dramaturgos han logrado la armonía perfecta entre taquilla y estética. Y aunque esta combinación, ideal, parece ser una rara avis tampoco quiere decir que sea imposible. Por mencionar un ejemplo inicial la pieza Hombres en escabeche, cuyo eco resuena más alla de los escenarios costarricenses, habla de la buena acogida que ha tenido en la comunidad hispana internacional después de haberse convertido en un exito local.
Costa Rica vive una de bacle moral. Debatido entre escándalos de corrupción de ex presidentes, la invasión silenciosa de los carteles de la droga, el in crescendo de la inseguridad, la burocracia apabullante y la cada vez más cercana crisis económica, el país se resiste a perderse en sí mismo mientras sus habitantes se interrogan para descubrir a donde ha ido parar aquella Costa Rica,aquella Atlantida. El teatro, consciente de su importante papel como generador de cambios intenta vertebrar un proceso de concientizacion en torno a la salvación: comedia a diestra y drama a siniestra.
Al decir de muchos “la nación se les ha escapado de las manos” y la manera de recuperar parte de ese reino perdido es polemizar, indagar sin descanso sin dejar de reír ni pensar. No cabe duda que Virgilio Piñera también tenía razón cuando afirmó, a principios de la década de los 60 del siglo XX, “…que el humor es un anestésico necesario para el dolor de la verdad” (Leal, 2002) Y el humor prevalece en el paisaje teatral costarricense.
Mientras la comedia zanja la escena local entre dos vertientes, muchas veces antagónicas, el teatro dramático indaga sobre el pasado de la nación, la familia, el yo y el nosotros, desde las transiciones entre pasado y presente. Un conjunto de espectaculos de factura más ambiciosa, desde el punto de vista ideologico, nos permite entrar en contacto con discursos existencialistas (El lugar de seres imaginados de Mariano Gonzalez y María Silva) o digamos, el replanteamiento del costumbrismo, lo popular, lo nacional (Magdalena, por Teatro Universitario)
Con el estreno de Magdalena, pieza fundacional de la dramaturgia costarricense, Maria Bonilla refuerza la corriente de reflexión, en torno a los valores y esencias del universo local que habia iniciado con el estreno, hace veintiseis años, de la misma obra.
Magdalena ofrece a la Dra. Bonilla los elementos indispensables para una radiografía analítica de lo costarricense: personajes,lenguaje,temática y situaciones. Y con este nuevo abordaje (el anterior fue realizado en 1983) la puesta en escena continua polemizando alrededor del machismo, los paradigmas sociales y un tema que nos parece esencial: la otredad, desde la que se divisa y cuestiona la insularidad de San Jose, como ciudad aislada. Más de dos décadas después pareciera que San Jose no ha mudado su esencia.
Por otro lado y también en cartelera Maria Silva nos propone un ejercicio pirandelliano cuando dos personajes polemizan agudamente con su creador al tiempo que permanecen acorralados en un espacio de ficción, también aislado, inaccesible y fuera de la realidad.
El lugar de los seres imaginados, profundiza en la autorreflexion en torno al proceso de la creación artística y la integración del sujeto, sea cual fuere su naturaleza, a la sociedad El "más alla", el espacio alejado y romántico en el que depositamos esperanzas y soluciones también habita en todos nosotros. El conflicto entre los instintos y la razón acecha tanto al escritor como a sus personajes y se manifiesta abiertamente en la obra. Por supuesto, ya no se trata de Uruguay o Costa Rica, se trata de los espacios deshabitados de todos los seres humanos, no importa la geografía.
Durante la primera mitad del año 2009 el teatro costarricense continua demarcado en aquellos dos territorios ya distinguidos desde finales de Siglo XX, cuando floreció la tendencia conocida como Nueva Ola. Hoy como ayer, la escena y el drama se debaten entre la ligereza y al razonamiento.
La comedia, con sus afluentes, y el teatro de pensamiento marcan los dos campos diferenciados sobre los que pende sin distinción, la espada de Damocles de la taquilla, que algunos han podido controlar con sagacidad.
El conflicto de la supervivencia se parapeta detrás de todos los creadores como cinética invisible. Mientras, el teatro continua su curso y su polémica: producir para reír, pensar y comer.




