
Castor y Pólux compartían su tiempo entre el submundo y el monte Olimpo hasta que Zeus creó la constelación Géminis a petición de Pólux, el hermano inmortal, quien nunca acepto la muerte de su gemelo. Y a partir de ahí el arquetipo del héroe doble se repite una y otra vez, no solo en la cultura helénica, también en la africana y las culturas mesoamericanas, como la maya que tienen una versión muy peculiar de los héroes gemelos .
El nacimiento de los ibeyis, es uno de los acontecimientos más felices de la santería cubana o Regla de Ocha. Por lo general los jimaguas están dotados de poderes sobrehumanos, bailan de cabeza y son muy susceptibles y caprichosos. René Fernandez inicia su obra Los ibeyis y el Diablo con una acotación que indica la llegada al mundo de los gemelitos:
En escena aparecen dos canastas o calabazas unidas por un cordón. Están cubiertas. Una con un paño amarillo y la otra con un paño rojo. Gran tranquilidad o quietud en la escena. De repente inundan la escena sonidos de latidos y respiración; mariposas amarillas y rojas juguetean en las canastas o calabazas. Imagen muy sublime de la naturaleza)
La fabula de Los ibeyis y el diablo nos remite a la estructura del héroe con dos caracteres y personalidades distintas. Los hermanos negros pertenecen a esa casta de personajes a medio camino entre lo divino y lo humano, cuyos rasgos los hacen diferentes, notables y objeto de admiración por el resto de la colectividad. Aunque tienen un objetivo común, a menudo estos dos héroes son conscientes de las diferentes personalidades que los distinguen y así lo manifiestan los jimaguas negros cuando se presentan en la obra que Teatro Papalote estrenó en 1993:
JIMAGUA I: ¡Cantamos a una sola voz! ¡Bailamos el uno con el otro!
JIMAGUA II: Pero yo pienso por mi y tú piensas por ti. ¡Cada negrito pensamiento con su cabeza!
JIMAGUA I: Estamos unidos por un cordón, pero cada cual elige su camino. ¡Cada cabeza con su negrito pensamiento!
JIMAGUAS: ¡Dos pensamientos pueden más que uno!
La doble divinidad yoruba: Ibo e Idobé , representan la versión negra de los Dioscuros , porque son hijos de Ochosi , dios protector de los cazadores y los animales al que todos saludan diciendo: Lambé coque aro! Ellos no participaron en la expedición de los Argonautas, ni en el rescate de Helena, sin embargo su heroicidad consiste, por lo menos en esta historia en particular, en haber vencido al Diablo, episodio comparable en relevancia con la epopeya mitológica de la búsqueda del Vellocino de Oro.
En los cultos yorubas Ibeyí o los Ibeyi representan una divinidad doble y son tratados como niños. A ellos se les entregan golosinas y dulces el dia de su fiesta y se les identifica como eré, lo cual significa en lengua, espíritu de niños. Sus símbolos son el cetro doble con dos calabazas pequeñas y una palma de metal plateado. Y a la hora de sincretizar lo hacen con los santos católicos Cosme y San Damián.
Ahora bien, Ibo e Idobé se identifican plenamente con la definición del héroe libertino que adelanta Aguirre (Aguirre). Ambos defienden como tesis fundamental desenmascarar lo negativo y convencional de lo social, para proponer lo natural como ese estado autentico que debe alcanzar el ser humano en cualquier momento. Y hacia la esencia natural avanzan sin tapujos ni cortapisas en busca de restituir el orden perdido por encima del caos imperante.
De alguna manera ellos son herederos de la memoria colectiva cuando representan el ideal cubano de luchar contra las injusticias y los regímenes tiránicos. Una relectura de la obra puede aportar un sinfín de significados, en dependencia del ángulo desde el que se inicie. Lo cierto es que el planteamiento del dramaturgo apunta a la reivindicación del orden orgánico por encima de cualquier sistema contra natura con un refinamiento estético y el empleo de recursos estilísticos muy atinados. Y sin lugar a dudas en la aparentemente ingenua definición de los negritos Ibo e Idobé aparecen deletreados los tres principios básicos que unifican la nación cubana: igualdad, justicia social y libertad.
La astucia de los hijos de Ochosi con Oiá termina por volver loco al Diablo hasta que lo hacen confesar lo inesperado, cuando el propio Diablo advierte que ha caído en una trampa:
DIABLO: (De un salto) Pe… pero… ¡Ay, sin son dos iguales, como los ojos, como las orejas, como las manos y los pies! ¡Negritos, tú y tú son hijos del mismo Diablo! ¡He caído en una trampa! (Se lamenta) ¡Soy un Diablo tonto! ¡Estos dos negritos me han engañado como un sijú platanero! ¡Me han tomado los tres pelos del Diablo! ¡Me los voy a tragar sin masticarlos! ¡Del Diablo no se burla nadie! ¡Me los como!
Pero esta no es la trampa definitiva porque como bien dice el refrán, dos cabezas piensan más que una y los negritos con “su negrito pensamiento” además de burlarse del Diablo lo provocan constantemente. A tal punto que el tremebundo demonio se convierte en una guayaba y acaba en la barriga de los jimagüitas que, ni cortos ni perezosos, devoran la fruta de un bocado. A continuación lo que sucede en la escena final minutos antes de caer el telón:
DIABLO: ¡Negritos, tú y tú son cabeza dura! ¡Aquí voy, aquí estoy! Hilo hilo, cocodrilo, ¡Aquí voy! Kilo kilo, cocodrilo, ¡Aquí estoy! ¡Una rica guayaba soy! (El Diablo se transforma en una deliciosa guayaba)
JIMAGUA I: (Al Jimagua II) ¡Te la comes con los ojos!
JIMAGUA II: (Al Jimagua I) ¡Se te alarga le lengua!
JIMAGUAS: (A coro) ¡Vamos a vencer al Diablo! (Los Ibeyis se comen la guayaba. Toque y canto de los Ibeyis)
SOLO: Belli la omó le dun
Belli, belli, la abekún yaré.
CORO: Belli la omó le dun
Belli, belli, la abekún yaré.
(Bis solo y coro)
(Los Ibeyis saborean la guayaba. El monte vuelve a ser el monte. Vuelven el aire y el agua. Regresa la caravana de animales)
TELÓN
Menuda treta en la que cae el Diablo. Que de tan fiero se deja embaucar por la burla de los niños gemelos. Franca alusión al conflicto generacional que plantea la renovación natural de lo viejo por lo nuevo. Cuando lo nuevo se impone por su inteligencia.
De manera simbólica los gemelos alcanzan la madurez al vencer la prueba y la recompensa social será su aceptación como hombres, aunque estos personajes mitológicos no evolucionan en edad, porque permanecen siendo niños. Aunque estos personajes no evolucionan en el sentido etario, sino que su psicología es cíclica, pero a pesar de haber vencido la prueba y llevar el amuleto dentro (después de devorar al Diablo) ninguno de los dos personajes evoluciona, porque no tienen contraparte.
Los jimaguas destruyen la visión idílica que el Diablo ha construido e impuesto alrededor del monte y arrasan con el falso mito de que se trata de un lugar paradisiaco. Se comprometen a liberar al monte y cumplen. Restituyen el orden perdido para que todos los animales puedan regresar libremente, como lo apunta la última acotación del texto. Devuelven al monte lo que es del monte: el agua y el aire para que todos puedan vivir tranquila y felizmente. Los ibeyis logran restaurar lo que nadie pudo antes. La epopeya termina con la victoria cuando el mal ha sido erradicado, mejor dicho, devorado. Y la acción ejemplarizante del doble héroe repercute positivamente en el plano social.
La nueva generación vence al Diablo. Los jimaguas representan el ser/poder dual y superior, por inteligencia y edad, capaces de enfrentarse a lo extraordinario y aventajarlo, de ahí su condición heroica. Pero lo que más nos llama la atención es el arma que utilizan para derrocar al villano. Ya no se trata de un armamento de naturaleza bélica sino ideológica, de pura raigambre cubana: el choteo criollo. Punzonazo profundo que no hiere el cuerpo pero destroza el alma, y por ser tan letal es temido y evitado por todos los cubanos sin importar edad, clase social, raza o credo religioso. El ingenio y la astucia por delante de la violencia.
El choteo ha sido históricamente un recurso de amparo de la sociedad cubana contra el infortunio, la adversidad y sus peores flagelos. En esta oportunidad resulta la emboscada perfecta para el mal, porque como también dice el refrán: no hay mal que dure cien años.
Los ideales de la memoria colectiva del pueblo cubano se reconocen en el conflicto entre los Ibeyis y el Diablo. La historia es moralizante cuando habla del papel de la inteligencia para lograr el bienestar. Los jimaguas vencen y logran el premio: comerse el amuleto: una guayaba, una fruta tropical. Y mientras la normalidad regresa el Diablo es derrotado, humillado simbólicamente, mediante la burla mordaz del héroe, que en lugar de uno se ha dividido en dos, “como los ojos, como las orejas, como las manos y los pies!”
Bibliografía
Aguirre, J. M. (s.f.). El tema del individuo superior en la literatura decimononica.


No hay comentarios:
Publicar un comentario