lunes, 15 de junio de 2009

Cinco siglos de metateatralidad. De los entremeses cervantinos a "Historia de Burros"



Por: Víctor Reyna

Con El Poeta y Platero, René Fernandez, Premio Nacional de Teatro de Cuba 2007, quiso homenajear la vida y obra de Juan Ramón Jimenez. Para ello construyó un drama, en el año 1993, que muy poco tiempo después llevaría al teatro con el mismo título. Inspirado en las alegorías del poeta español, la obra describe la travesía analógica del escritor y su alter ego (Platero) en busca de la metáfora perfecta. Pero sin saberlo también concibió un homenaje a los entremeses cervantinos del Siglo de Oro.

Mediante un refinado juego de ilusiones y autoconciencia la obra encuadra una segunda obra. De este sencillo y clásico modo se da lugar al recurso del drama dentro del drama que facilita el teatro dentro del teatro. Un drama que desde su nacimiento manifestó cierta tendencia a la autonomía y una representacion independiente por si sola mucho antes de convertirse en una obra autónoma.

Paradójicamente Fernandez no encontró el éxito con la obra principal sino gracias a ese fragmento de ella que luego se convirtió en una obra independiente. El suceso pone en entredicho la formulación de la ley de contagio de James Frazer de acuerdo a la que “… las cosas que una vez estuvieron en contacto se actúan recíprocamente a distancia, aun después de haber sido cortado todo contacto físico.” Esto quiere decir que aun cuando Historia de burros haya alcanzado fama y celebridad debe el triunfo o lo comparte con la obra que le dio la vida. Pero todos sabemos que no es así.

El metateatro se nutre de autorreflexion y reteatralidad y desde la perspectiva de la dramaturgia del Siglo de Oro español “Historia…” tiende a identificarse con los entremeses de la época, tanto en lo formal como en el contenido.

Cuando analizamos la obra por separado, nos damos cuenta que se trata de una pequeña pieza, medio farsesca, concebida en un solo de un acto que se representa entre dos grandes momentos de la obra principal o encuadrante y persigue evitar la dispersión del público. Salvando distancias nos encontramos frente al mismo recurso estilístico que facilita la creación de un lenguaje polisémico y una doble vision sobre la vida y sobre el arte.

Con la presencia del titiritero que introduce su obra en el discurso principal, el dramaturgo cristaliza la ensoñacion del poeta español (Juan Ramon Jimenez) frente a la interpretacion de sus parábolas. Al mismo tiempo otros han visto al propio director teatral y dramaturgo enfrentándose a uno de sus inspiradores, sus creaciones y leyendas. Personaje con autoconciencia dramática que llega a la obra dramatizado por el mito.

Mientras que la doble visión del metateatro facilita la reflexión en torno a la sociedad, no podemos esperar que "El Poeta... " se convierta en un vehículo metodológico para la crítica social sino más bien para su interpretación. De ahí que Poeta, Platero, Titiritero, Perla y Plata no son instrumentos para cuestionar sino para comprender.


Mediante ellos nos acercamos cínicamente a la sociedad en la que vivimos, el arte que disfrutamos y los conflictos universales de los hombres en torno al amor y al dinero, esas dos fuerzas que según Carpentier, mueven en mundo. Pero no esstamos dispuestas a hacerlo directamente, ni siquiera en el teatro. Para ello escogemos la dualidad de personajes, tramas, escenas, conflictos y temas.


No hay nada mas serio que una broma, dijo Freud. Tal vez para el teatro no haya nada más serio que la ilusión objetiva a través de la ilusión estética que nos facilita, no importa la época, comprender mejor la realidad.







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