lunes, 8 de junio de 2009


Dia de Reyes: primer gran teatro de títeres cubano.
Por Víctor Reyna



Cuba recibió aportaciones de objetos animados de Asia, Europa y África a lo largo de toda la época colonial.

Figuras y títeres se apoderaron de espacios públicos y privados, rituales mágicos, ceremonias religiosas y festividades populares, hasta insertarse para siempre o desaparecer del panorama cultural cubano. Pero ninguna de estas contribuciones fue tan intensa, rica y virtuosa como el aluvión titiritero que el negro puso en manos de la isla. Entre muñecos, diablitos, serpientes y deidades África estampo una huella imborrable en el sendero del espectáculo de figuras animadas cubano cuando nos regalo el primer gran teatro de títeres: la fiesta del Día de Reyes.


Mojigangas, kulonas, anaquilles bailando alegremente en manos de mulatas barrioteras, kokoríkamos horripilantes, diablitos, culebras, máscaras multiformes, esperpentos gigantescos, disfraces, banderolas y vírgenes recorrieron las calles de la antigua Cuba en manos de los esclavos y sus descendientes. El detalle más sobresaliente de la festividad anual se concentra en el beneficio que el "actor" le concede al objeto animado sin que ninguno de los dos pierda protagonismo. Interprete e instrumento comparten la escena y si bien es cierto que el colorido, la forma, el simbolismo y la plasticidad del títere se destacan, tambien se destaca la gestualidad, la gracia y el talento de los negros a la hora de "vivificar", como diría el maestro Rene Fernández, el objeto inanimado. No decimos complemento porque no sabria definir hasta que punto hombre o titere son complemento uno del otro.


Año tras año, el festival ultramundano paseó mitos, leyendas y personajes por las principales villas del país; sin despojarse de los esenciales objetos que, cobraban vida en la escena callejera y embellecian la fiesta de la Epifanía. Pero el carnaval en el que los negros representaban teatralmente la libertad en un dia, desapareció para siempre con la abolición de la esclavitud en 1886 condenando a las figuras importadas desde el Africa a permanecer ocultas durante mucho varias décadas y desempolvarse, esporadicamente, durante carnavales, ritos de iniciacion o mortuorios y fiestas privadas a las que solo los negros eran convocados.

La donación de elementos, mascaras exóticas, personajes juglarescos, semidivinos y mortales; pequeñas y grandes marionetas, disfraces descomunales, diablitos de medio cuerpo y cuerpo entero, serpientes majestuosas , banderolas, fetiches enlazados a la punta de una larga vara, farolas, vírgenes y deidades que en pleno carnaval cobraban vida por medio de la animación consciente de sus portadores, ha sido el mayor aporte de esta índole que nación alguna, continente, o cultura hayan entregado al archipiélago caribeño en materia de animación titiritera. Y para comprender en toda su magnitud esta herencia secular tendriamos que revisar nuevamente el concepto brechtiano de lo popular.


Nuestras fiestas populares contemporáneas están plagadas de personajes y elementos extraídos de los carnavales de la Epifanía colonial. Y mucho mas allá, en los espectáculos refinados del mundo profesional la esencia del quehacer titiritero cubano de hoy en día debe mucho a la impronta africana cuando animador y objeto animado se funden en pos de la espectacularidad compartida y nunca llegamos a saber donde comienza uno y donde termina el otro.


No por gusto al titiritero o animador cubano le cuesta tanto trabajo permanecer "encerrado" detras de un retablo, y aun con el clásico títere de guante prefiere compartir con el espectador, abundando con su gestualidad y presencia escénica en la composición de imágenes y símbolos creando asi un genuino espectaculo de figuras animadas, con acento cubano, sin fronteras pero delimitado, tal cual los ancestros en el paseo callejero de la mañana de enero.


La liberación de los esclavos silenció la procesión el aguinaldo y la fiesta anual, que carecía de libreto mas no de dramatismo, paso a ser un recuerdo, una remembranza. La diaspora afro-cubana se filtró entonces entre calles y montes y paso del agora publica al encriptado espacio de sectas, templos esotéricos y confraternidades poco accesible al pueblo en su totalidad. La cultura afrocubana se sumergió por largos años y se camuflo, para sobrevivir, en aquella Cuba que despreciaba lo negro y trato de omitirlo de su inventario de fuentes nutricias y luego abrirse en diaspora enriquecedora despues de 1959.

Africa, comodin de nacionalidades y culturas disfrazadas bajo un mismo color, aporto a Cuba la esencia de un arte milenario que ha nutrido las manifestaciones criollas de la expresion titiritera. Extraordinaria como ninguna y profusa como el mismo continente, el objeto animado proveniente de Africa se inserto en la cubanía y ha llegado a cristalizar un estilo peculiar del cubano a la hora de enfrentarse con el espectaculo de titeres.

No importa la tecnica empleada, no importa la agrupacion encargada de la puesta en escena. La escena titiritera criolla es heredera de la esencia africana aun cuando sus afeites modernos la hayan convertido en una expresión refinadamente contemporánea que no reniega de aquellas procesiones desordenadas en las que hombres, mujeres y títeres construian el espacio encantado de la libertad.





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