viernes, 26 de junio de 2009

You've got to be there, Michael.

Michael inició el gran viaje hacia la eternidad en un transbordador llamado polémica a las 2:26 PM del jueves 25 de junio del 2009. Su carrera y nombre estarán asediados por la controversia, la recordación y los múltiples enigmas que desencadenó su genio pero, también por el agradecimiento. Sin embargo, el hito Jackson, a pesar de pros y contras, amor y resentimiento, sobrevuela por encima de nosotros a una altura comparable con la de otros grandes que integran la constelacion Triunfo: Elvis Presley, Marthir Luther King, Marilyn Monroe y John Lennon.

Muchos se preguntarán cuál es la conexión inefable entre el teatro (tema central de este blog) y la muerte del Rey del Pop. Pero desde la lejana fecha de 1985 estoy enfermo como consecuencia de una visita al teatro. Y el teatro es el centro de esta pagina virtual. Fue el Teatro Musical de La Habana el sitio del contagio con un virus, conocido pero no tan difundido por aquellos lejanos años, llamado nada mas y nada menos que Michael Jackson.

Reunidos en el ático del edificio esquinero que daba cabida a lo que fue la sede del teatro musical, nos dimos cita estudiantes del Instituto Superior de Arte de La Habana y profesionales (entre ellos actores, directores, cantantes, coreografos y criticos) de diversas agrupaciones escénicas, para polemizar y actualizarnos en torno al pasado, presente, tendencias, aciertos, vigencias y desaciertos del genero musical dentro y fuera de la isla.

El encuentro, que se extendió por varios días, se convirtió en updating para muchos , escenario de clases magistrales para los que comenzábamos y quien sabe si acaso representó la iniciación para otros dentro el género. Pero uno de los temas epicéntricos, que levantó la confrontación mas enconada del evento, fue la condición diferenciada del interprete por excelencia para el teatro musical en la que se debían conjugar dotes de actor, cantante y bailarín en grado equitativo. Lo que muchos coincidieron en calificar de rara avis.

Títulos emblemáticos como Victor Victoria, Jesucristo Superstar, Mary Poppins, La verdadera historia de Pedro Navaja, entre otros, encendieron el interés y agitaron las emociones de pupilos y maestros al tiempo que nos familiarizábamos con otra maravilla de la tecnología moderna del momento: una flamante Sony Betamax, que hizo posible el encuentro con puestas en escena de Broadway, filmes hollywoodenses y estrenos antiguos. Cada audición terminaba con el intercambio de criterios, la discusión viva (en ocasiones edificante), perspectivas, aspiraciones, frustraciones y experiencias de los participantes. Y a medida que aumentaba el listado de títulos aumentaba, obviamente la expectativa.

Tuvimos la oportunidad de escuchar en vivo a estrellas del Teatro Musical de La Habana, reflexiones de sus dramaturgos y directores además de apuntes especializados de críticos que pudieron disfrutar en Broadway algunos de los títulos audicionados. Pero todos quedamos boquiabiertos con la "stunning performance" de un excelente interprete en el que se unificaba el virtuosismo de la canción, la actuación, el baile, la coreografía y la dirección artística. Michael Jackson al frente de " Thriller, se convirtió en el eje central de aquellos minutos dedicados a trazar la ruta hacia el interprete ideal, o sea el exponente perfecto de la mezcla entre baile, canto y actuación. Sin saberlo estábamos asistiendo al bautizo de un paradigma.

Luego sobrevino la fiebre incontenible en La Habana y todo el país, diría que a nivel mundial. Muchos jóvenes escondían bajo los jeans y pantalones de mezclilla las medias de brillo que Michael lanzo a la fama en sus vídeos musicales. Medias que compramos a vendedores clandestinos que se filtraban en las escuelas de arte con su mercadería fascinante. Y mientras el mercado negro, con su furiosa sed de capital, se encargaba de difundir con intensidad los iconos del mito, las emisoras nacionales se hicieron eco de cada canción, cada hit, desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisi, y la leyenda se consolidó espiritualmente en todos más alla de la duración de unos efímeros calcetines.

Nuestra generación terminó infectada por el mismo virus sin necesidad de haber acudido todos a la antigua sede del T.M. en una esquina de la barriada capitalina conocida como Centro Habana. Aunque no hablamos la misma lengua, con compartimos el mismo credo religioso, no estamos afiliados al mismo partido político ni nos unifica la misma etnia podemos corear al unísono "... Billie Jean is not my lover, she's just a girl..." o simplemente "...heal the world, make it a better place for you..." arrastrados por los éxitos del genio.

La cepa de la música y el baile se extendió de país en país, de continente en continente, atravesó patios, jardines, aulas, hospitales y cárceles por medio de la radio, las walkman, el vídeo y los televisores sin control remoto, para terminar enfermando a cientos de miles de admiradores que reconocen un antídoto común: regresar una y otra vez sobre las pistas musicales para escuchar la voz del ídolo . Aun hoy que ya no esta fisicamente.

Al “… morir un ser querido muere una parte de uno…” dice el libro de Job. Sin lugar a dudas parte del mito M.J. ha muerto, pero “…una parte del ser querido sobrevive en la parte viva que queda en nosotros…” y esa otra mitad, obviamente, se rebela contra la muerte.

Porque "la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”. Beat it again Michael, jus beat it!



No hay comentarios:

Publicar un comentario