viernes, 19 de junio de 2009

Reflexiones del maestro René Fernández Santana (Premio Nacinoal de Teatro de Cuba 2007)


El secreto de la vida o la animación


“La realidad del árbol está en sus raíces.

El tronco, las ramas, las flores, los frutos,

no son más que las formas, los colores, los sabores, los perfumes,

a través de los cuales la raíz se manifiesta”

Omraam Mikhael Aivanh

El pas de deux

Muchos años me ha costado comprender la danza del titiritero y el títere, su apareamiento y ruptura en sus relaciones. Cada relación del titiritero está fundamentada por la ley de dar y recibir. El dar genera el recibir, y recibir engendra el dar. Tu cuerpo no está separado del cuerpo del títere. Sus reglas: Yo soy tu cuerpo, tú eres mi cuerpo. Yo me separo de tu cuerpo, tú te alejas de mi cuerpo. Somos un solo cuerpo y somos dos cuerpos. Cada acción provoca un determinado grado de energía en el títere, que luego regresa al titiritero. Cada acción en la animación integra los episodios de la vida del títere.

He comprobado que solo es afín un acto en todos los rituales titiriteros de este gran mundo, y es el vigoroso desplazamiento o traslado y desprendimiento de la energía (el alma y cuerpo del títere).

Es el nacimiento de una inventada figura modelada por esa fuerza interna indescriptible del titiritero, la energía está nutrida de creatividad, se traduce y alterna en variados estados del ser del títere. Existe una riqueza infinita de energía: ondulatoria, angular, contenida, pausada, liberada, deslizada, atacada, continua, discontinua, pendular, de rebote, vibratoria, de carril… Una mano que se tensa es una garra de tigre, la mano que relaja es un ala de paloma. Para el titiritero, lograr esos estados le da un control de los grados de la energía en la animación del títere, con mayor limpieza y claridad en sus acciones.

El titiritero no oculta ningún espíritu invisible, su energía dota de vida al títere y él cree ciegamente en esa entrega. No hay separación entre el títere y el campo de energía que genera el titiritero, es su propia naturaleza. El titiritero debe tener la capacidad de concientizar su energía y la capacidad de modificarla. No debe detener la circulación de la energía, pues se congelaría la expresión creadora, debe dejarla fluir, correr, que es la vida, la fuerza y el fuego del títere. En este hecho humano y a la vez divino se fundamenta nuestra obra creadora. La estática y la animación es su estética. “La muerte y la vida”. Esta orquestación no tiene idiomas.

La inmovilidad y el movimiento hacen el universo en que acciona el lenguaje del títere. La energía es un potencial real y puro, la energía es fluida, elástica, cambiante y siempre en movimiento, pero también puede ser inmutable, quieta, callada, eterna y silenciosa. La combinación de movimiento y quietud es el reservorio de la expresión del títere. El titiritero debe tener conciencia de estos dos aspectos que son cualidad y valor escénico. Cuando descubrimos este maridaje al parecer contradictorio estamos frente a lo esencial de este arte, su génesis.

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