Por Víctor Reyna
El teatro facilita lo que en ocasiones la realidad dificulta. Bastó entrar en contacto con el estreno de Magdalena, a cargo del Teatro Universitario, bajo la dirección de María Bonilla, para disipar interrogantes y confusiones en torno a lo costarricense.
Nueve personajes, un autor, una sala teatral “brand new” y una directora me han esclarecido la simiente de algunas peculiaridades que caracterizan la psicología y el comportamiento de los habitantes de la Suiza Centroamericana, y esa apertura repentina de "la caja de Pandora tica" me permitió llegar mucho más allá que todo el gallo pinto de tres años.
Magdalena es un producto genuinamente tico. La obra data de 1903 y responde a un momento peculiar de la dramaturgia local que se debatía entre el recién nacido costumbrismo y el snob europeizante, también muy en boga por aquel entonces. Se debe a un contexto marcado por la tendencia a introducir “…con más frecuencia temas y formas del lenguaje popular…”
Las palabras de Carlos Salazar ayudan a definir el debate pasado versus presente que edifica el montaje de Bonilla. “Todo creador se debe a dos realidades que afectan su vida. Una, su presente, la sociedad en que vive, para la que crea, a la que refleja y critica. La otra, su pasado, esos recuerdos y fantasmas que le persiguen y forman el alma de sus creaciones”
Alejada del circuito comercial, del humorismo obsceno, la xenofobia teatral así como de ciertos temas urgentes pero insípidos, Magdalena delata la profunda crisis ética que vive la sociedad costarricense.
Hacia el lenguaje simbólico de la puesta en escena
El pasado se enmarca en el presente como una postal envejecida con mucho por decir. Para lograrlo Bonilla apela a un recurso brechtiano. Crea espacios de ilusión mega-espectaculares con la proyección de gigantescos primerísimos planos en el telón de fondo.
Perfiles, cafetos, signos corporales convertidos en símbolos; miradas que contradicen, muchas veces, el discurso textual y apuntan hacia un espacio de controversial entre lo verbal y lo no verbal; difuminaciones, sombras y sonidos. Todo un conjunto de movimientos y elementos iconizados en busca de una dimensión pragmática, o sea, la interpretación del espectador. El recurso adiciona pinceladas de metateatralidad al montaje (con el amago de lo que podría ser una representación dentro de otra) y el espectador termina por tener a su alcance varios niveles de interpretación.
Por ejemplo, mientras que la acción dentro de casa se matiza con tonos apagados, el regreso del exterior de los personajes (entiéndase como exterior el cafetal y San José) vienen coloreados de tonos mas encendidos. Los personajes masculinos vibran con una carta de matices viriles, en contraposición con las damas bañadas de blancos y pálidos acentos que reafirman el rol su papel secundario dentro de la trama y la denuncia al machismo social.
Hacia el público, rompiendo la archirrota cuarta pared, se encuentran las aspiraciones novedosas: San José, Europa, la modernidad. Hacia el foro, lo viejo. Dos caras de una misma moneda distinguidas teatralmente a nivel de planos de acción y reacciones en torno al amor, las conveniencias, la familia y las actualidades.
En medio de males agudos como el deterioro de la seguridad, el crecimiento del hampa, la presencia de los carteles de la droga, la corrupción política y la de bacle social la familia vuelve a ser el epicentro de la reflexión como origen de cualquier síntoma de seguridad/inseguridad. Retomar el lenguaje popular costarricense intenta llamar la atención sobre los valores locales y la necesidad de recuperar la identidad nacional, local y familiar. Especie de viaje a la semilla, al decir de Carpentier.
El cafetal continúa siendo en la Costa Rica del 2009 el centro de gravedad del país. En torno a esa conciencia cafetalera que modelo la conciencia nacional se ha ido perfilando la cultura y la sociología de un país. El ritual del café domina la nación aun hoy, y la sociedad se desenvuelve a partir del ritmo pautado por la cosecha del grano abisinio que ha marcado con hierro candente, conducta, sociología y visión cosmogónica.
La obra juega con diversos planos referenciales que multiplican la dimensión semiológica del discurso. No podemos perder de vista que esos diferentes planos de acción teatral involucran tanto el juego con los colores, sonidos, gestualidad y público, sin menospreciar la proyección de diapositivas sobre el telón de fondo.
El doble discurso significa recontextualizacion. Analizar el presente sobre la perspectiva del pasado facilita la autorreflexion y una especie de toma de conciencia en el interprete (publico) que provoca la escena. Y el trabajo de dos planos teatrales es resultado de una coherente labor de dirección que merece especial reconocimiento.
Sin embargo, me quede sediento de mayor aprovechamiento de la cinésica espectacular.
Por ejemplo, para mostrar un punto susceptible de enriquecimiento teatral: durante el encuentro cumbre de Magdalena con Rafael, las sombras quedaron mudas.
Que tal si a través de la transparencia de las sombras la mano de Rafael se hubiera desplazado suavemente sobre la silueta oscura de la muchacha para descubrir la intensidad del deseo masculino. Mientras la joven, alejada físicamente, no se involucra en este simulacro de amor fallido.
La lectura hacia un tercer plano hubiera profundizado la gravedad de un conflicto de amor / desprecio, apariencia/realidad, evidente a nivel interior pero que no se teatraliza del todo en iconos ni símbolos.
Que tal si el enfrentamiento de los dos pretendientes se hubiera traducido en una singular pelea de gallos, en una lucha más agresivo y climática para la performance. Me hubiera encantado disfrutar a los señoritos convertidos en animales salvajes desgarrándose por una mujer. Acaso por estas tierras los hombres no matan por amor?
Aunque aprecio la inclusión de Dorotea en el ámbito de la familia la interpretación puede alcanzar un nivel superior. Digamos que con el paso de Dorotea por la escena puede ir disminuyendo en tempo teatral hacia un lento, lentísimo paso, especie de castigo estético, burla, desprecio hacia el silencio que le esputan en la cara los señores de la casa. Cada incursión más lenta, cada diagonal más aguda. Sinónimo de distanciamiento que enfatiza la reflexión.
Hacia una lectura cinésica de Magdalena
El signo representa lo singular. Signos idénticos alcanzan diferentes significados para comunidades diversas y por extensión para obras disimiles.
Costa Rica ha cristalizado sus propios signos gestuales, verbales y fonéticos. Y ese discurso cinésico, presente pero no desarrollado, pudo enriquecer mucho mas la puesta en escena. Por lo tanto demando de Magdalena un mayor aprovechamiento de los lenguajes intercorporales y de la gestualidad. Igualmente me hubiera gustado no solo escuchar frases endémicas a la jerga tica, sino también de pinceladas de gestos nacionales teatralizados.
La puesta en escena es un discurso ambivalente por naturaleza. Permite que cada espectador pueda encontrar significados alternativos en cada código expresado de manera consciente por los artistas. Pero al mismo tiempo abre un espacio de autorreflexion que facilita el discernimiento entre la propuesta del director, el discurso del actor, la quintaesencia del texto y la estimación del intérprete, en este caso el público que decodifica los mensajes en virtud de su historia e ideología.
Existen tres niveles de lenguaje en la puesta en escena: la proyección de imágenes, la escena, el público.
Hacia el primero se vuelcan las mayores reflexiones (mudas) en torno a los episodios más dramáticos y el conflicto de la obra. Esa doble moralidad constante que marca y devora a los personajes no se expresa libremente sino en imágenes en blanco y negro, congeladas sobre un telón y que nos recuerdan fotografías antiguas al estilo Lumiere.
El Cafetal, escrito con mayúsculas porque a nuestro juicio alcanza categoría dramática de personaje referido, aparece y se difumina de acuerdo al alza o baja de la cotización del café o la intensidad de los asuntos, la intriga se teje con hojas de cafetal. El cafetal es confidente, encubridor, provoca los amores encendidos y recoge las lágrimas. Es en el cafetal donde se desatan las verdaderas pasiones humanas. En otras palabras, la vida nace en el cafetal. El cafetal alcanza condición de alter ego de muchos de los personajes y esa vibración de identidad rural se manifiesta mediante proyecciones.
No estamos frente a una escena tradicional, donde los actores permanecen contenidos por la “cuarta pared” aunque romperla va siendo más tradicional cada dia. Pero de una vez el público se involucra en los acontecimientos teatrales cuando los actores surgen desde la platea, como si cada uno de nosotros pudiera hacerlo en cualquier momento. Sin embargo, son básicamente los hombres los que surgen desde el público. Proceden del mundo abierto, de la sociedad, mientras las mujeres se desplazan en el ámbito cerrado de la escena y al avanzar desde la platea lo hacen acompañadas por el rector masculino o solo cuando regresan de la ciudad.
Para terminar retomo el comienzo. He aprendido más sobre Costa Rica con Magdalena que en los meses que llevo tomando agua de azúcar y comiendo chorreadas. Las golosinas ticas no habían alimentado mi pensamiento como lo hizo el drama.
Costa Rica continúa siendo una nación cafetocentrica. El café centrifuga el universo del país. El discurso de Magdalena lo enfatiza fehacientemente. Pasado y presente, pasiones y prejuicios se filtran armoniosamente a través de la fina trama de un chorreador de café teñido por el bajo continuo del machismo.
BIBLIOGRAFIA
Guillen, Marco: Teatro Universitario, Revista Conjunto 139, enero - marzo 2006, pag. 25
Salazar, Carlos: Apuntes en torno a una historiografia de la escena, Revista Conjunto No 139 enero-marzo 2006, pag. 74


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